miércoles, 25 de junio de 2014

"Mayores, discapacitados/as, dependientes y vacaciones"



Llegó el verano y las ganas de coger las ansiadas vacaciones. Por desgracia muchas personas dependen de nuestra presencia en casa para hacerles más fácil las actividades de la vida diaria, sobre todo cuando se trata de personas mayores, discapacitadas y/o dependientes. Las ofertas de ocio, por suerte, cada vez se van ampliando más y las empresas comienzan a tener en cuenta a éste colectivo.
Cuando vamos a viajar con una persona discapacitada debemos valorar la accesibilidad del lugar, es decir que la ciudad, hotel o entorno al que vayamos a viajar reúna las condiciones de confort, seguridad e igualdad para todas las personas, particularmente para aquellas que presentan alguna discapacidad. Lo ideal sería que todos los lugares estuvieran libres de barreras para éstas personas, pero como no es así, os aconsejamos consultar el portal de turismo accesible en el cual podréis informaros sobre qué es ésto, así como de los hoteles, restaurantes, actividades, etc., en las que podréis disfrutar sin preocuparos de las barreras.
Pero,  ¿qué pasa cuando la persona se niega a viajar?
Es común que las personas debido a su edad, estado de salud o simplemente porque se han acomodado a su rutina diaria se nieguen a viajar en la época estival. Ante ésta situación es bueno que la familia conozca los distintos recursos que existen.
Por un lado,  está el conocido “Programa de respiro familiar” que consiste en la acogida a personas en situación de dependencia, en régimen residencial, cuando éstas no pueden ser atendidas por los familiares, que con normalidad se encargan de su cuidado y ante diversas circunstancias; descanso, hospitalización de éstos, etc.
El problema de este programa es que no atiende a toda la población, sino que únicamente va dirigido a personas con discapacidad, menores de 65 años, que se encuentran en situación de dependencia y empadronados en Andalucía.
¿Qué hacemos con el resto de población mayor, dependiente y/o discapacitada que no reúne esos requisitos?
Existen numerosas empresas que ofertan servicios por horas para la atención de estas personas, pero en Fiss de forma novedosa contamos con el servicio de interno/a.
Con éste, tenemos una persona disponible 24 horas  para que asista, cuide y acompañe a nuestros mayores, discapacitado/as y/o dependientes. Para ello contamos con auxiliares de ayuda a domicilio cualificados/as y facilitamos todo el “papeleo”; contratación, alta, nómina, etc., para que no suponga ningún estrés.
Nuestro objetivo es cubrir las necesidades que puedan generarse en el cuidado de personas mayores y discapacitadas, adaptándonos siempre a las circunstancias de cada caso.

jueves, 19 de junio de 2014

¡Las personas nos hacemos mayores, no viejas!



En la sociedad actual se da más valor al físico y a la juventud que, por ejemplo, al conocimiento. Todos debemos reflexionar sobre cómo nos gustarían que nos vieran y nos trataran, si lo hiciéramos comprobaríamos que no nos gustaría que el resto de la sociedad se guiara por estereotipos, sin darnos la oportunidad de demostrar quienes y como somos.
Como en todos los colectivos, también existen estereotipos sobre  las personas mayores, que influyen de forma negativa en su día a día. Uno de los estereotipos que más se reconocen en nuestra sociedad es el edadismo o discriminación de las personas por su edad. La palabra “viejo” es un ejemplo de edadismo, a través del lenguaje, que puede provocar en la persona un gran sentimiento de inutilidad.
¡Las personas nos hacemos mayores, no viejas! ¡Viejas son las cosas! 
Que son como niños es otro estereotipo que puede influirles de forma negativa. Les hará sentir que han perdido sus capacidades y les desmotivará a la hora de luchar por ser independientes.
Tenemos que tener claro que cada persona mayor es única y que existen muchas maneras de envejecer.
No todos los mayores tienen mala memoria, están enfermos, les gusta aislarse o son dependientes. Hacerles pensar esto, lo único que provocará será que asuman estos estereotipos como propios de la edad y que la percepción que tengan de sí mismos sea muy negativa. 
Quien conoce a más de una persona mayor sabe que no todos son iguales, podemos encontrar a los/as fanáticos de las nuevas tecnologías, a los/as que les encanta viajar, los/as bailarines, los/as de la copita al medio día, los/s que han decidido ponerse a estudiar, otros/as mas sedentarios, los/a locos por la costura, etc., pero nunca a dos iguales porque eso es imposible. 
Alejarnos de los estereotipos es tan sencillo como dejar que la persona se muestre tal y como es. Se acabaron frases como "eres mayor para ésto" o "es normal a tu edad". Dejemos que sean ellos/as mismos/as y hagamosles sentir que son capaces de todo.


jueves, 12 de junio de 2014

El maltrato hacia las personas mayores




En los últimos días y debido a un vídeo que ha aparecido en televisión, nos hemos acercado a la realidad que viven algunos de nuestros mayores, víctimas de violencia institucional y/o domiciliaria. Lamentablemente no se trata de un hecho aislado son situaciones que llevan dando durante mucho tiempo y que debemos intentar erradicar entre todos.
La edad, el sexo, las condiciones físicas y mentales y su dependencia de otras personas para realizar actividades de la vida diaria, son algunos de los múltiples factores que hacen que nuestros mayores sean un colectivo especialmente vulnerable ante el maltrato.
Los/as profesionales que trabajamos por y para este colectivo debemos conocer cuáles son las formas de maltrato que más se dan, con el objetivo no solo de prevenirlas sino de identificarlas y eliminarlas. Algunas de las más destacadas son:

  • Negligencia. Supone la desidia, intencionada o no, en la atención sobre los aspectos básicos de la vida de una persona; alimentación, aseo, vestido, medicación, etc. Ante situaciones de negligencia encontraremos personas que presentan desnutrición, deshidratación o suciedad entre otros síntomas.
  • Psicológicos. En esta forma de violencia se enmarcan aspectos conocidos como la humillación, los insultos, el aislamiento y algunos otros que pasan desapercibidos como la infantilización. Esta violencia suele influir en la autoestima de nuestros mayores, provocando ansiedad, depresiones o inseguridad.
  •  Económico. Ésta se da cuando terceras personas disponen a su antojo de los bienes materiales o económicos de la persona mayor, normalmente con engaño o abusando de la confianza de ésta, privándoles además de tomar decisiones sobre su propio patrimonio.
  •  Físicos. Esta quizás sea la forma de maltrato más conocida y más evidente. Se manifiesta a través de golpes o empujones y suele aparecer de forma asociada a la violencia psicológica o negligencia.

Desafortunadamente éstas no son las únicas formas en las que se manifiesta, existen otras como, por ejemplo; el abandono, el aislamiento, el desamparo, la exclusión social, la violación de derechos o el síndrome de la abuela esclava.
Esto ocurre porque estamos ante un colectivo dependiente y vulnerable, que la mayor parte de las veces se siente tan mal que normaliza estas situaciones, sin considerar si quiera la posibilidad de denunciarlas.
Las personas que estamos a su alrededor debemos darles pautas para defenderse, mostrándoles los mecanismos de denuncia y trabajando en el fomento de su autonomía, porque ellos son una parte muy importante de la sociedad, sólo les falta creérselo.